• 22 abril, 2024

Emily Mongrillo Granados es una estudiante de 14 años y vecina de Tambor de Alajuela, es un verdadero ejemplo a su corta edad. Ella es una estudiante ciega, y compite en ajedrez del Programa Juegos Deportivos Estudiantiles en la Dirección Regional de Educación de Alajuela.

Mongrillo nació ciega, por lo tanto, nunca ha visto un tablero de ajedrez, pero tiene mucho entusiasmo y ganas. Según sus profes, su nivel es básico, pero ella está siendo preparada para algo más grande.

Ella será el punto de lanza para una selección de ajedrez de Alajuela para personas con discapacidad visual. Según el profesor Marlin Porras, ya existen jugadores no videntes de ajedrez, pero todos son personas adultas y quieren empezar con gente nueva y joven.

Emily usa un tablero especial, en el cual las piezas que ella usa tienen una especie de bolita arriba de la figura para que las pueda distinguir y el tablero tiene agujeros para que pueda insertar las fichas. Además, el rival le debe cantar la jugada que realizó.

La pregunta del millón es, ¿cómo una persona que nació ciega puede imaginarse un tablero que nunca ha visto?, ¿cómo aprendió a jugar? La respuesta no es sencilla.

Su mamá explicó que los primeros pasos los dio en la escuela Doctor Adolfo Jiménez de la Guardia. Allí, la profesora Mary Ulate Cardenal le explicó el juego, le hizo un tablero hechizo y le enseñó los nombres de las piezas con la memoria del tacto.

Luego, le enseñó a leer el tablero, que viene con idioma Braille y luego los movimientos que puede hacer. Cosas elementales y básicas, pero que le llevaron algún tiempo.

“Estoy muy contenta de haber podido ayudar a Emily, a poner un granito de arena, a dejar un legado. Entiendo que es la primera competidora con este tipo de discapacidad que juega contra videntes. Ella puede jugar contra videntes y contra no videntes, es indistinto”, dijo Ulate.

Después de eso, el Comité de Deportes de Alajuela andaba reclutando ajedrecistas no videntes para una selección y ahí encontraron a Emily y a otro muchacho, pero este al final no se apuntó.

Emily, que ya estaba en el Liceo de Tambor, inició un proceso de aprendizaje y entrenamiento del cual hoy aún forma parte. “Ella tiene un nivel básico, tenemos un año de estar con ella trabajando. Ella puede ganar, porque en el deporte no hay nada escrito.

“El objetivo es que en algún momento el Comité Cantonal tenga equipos de chicos no videntes que participen en Juegos Nacionales. Con ella inició el proceso, solo es una porque sí hay jugadores no videntes, pero son adultos y queríamos comenzar con población nueva, joven. Cuesta mucho encontrarlos”, explicó Porras.

El entrenador expresó que la ayuda y el apoyo de la familia de Emily ha sido fundamental para que se pueda desarrollar.

“Sabemos que ella estaba en la escuela, la profe de física la puso a jugar, le hizo un tablero casero, artesanal y la involucró en el deporte, luego pasó al colegio, contactamos a los profes del colegio y nos pusimos de acuerdo. Los papás son súper buenos, siempre la apoyan, es fundamental”.

Durante la competencia, por más que los profes quieran ayudarle a Emily, no pueden intervenir. Las partidas duran diez minutos como máximo.

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